lunes, julio 17, 2006

AGITADOR SEXUAL


Para variar, esa noche empieza con un imprevisto, síntoma inequívoco de buenos augurios porque por experiencia les cuento que las cosas más alucinantes y disparatadas suceden cuando no se planifican, y así fue aquella vez, el miércoles cinco de abril de este año, empezaba a caer la tarde cuando recibí la visita de mis escuderos de toda la vida: mis amigos Juancho y Sandro, quienes espontáneamente fueron a visitarme con dos six packs de cerveza Cuzqueña para amenizar la charla pues, ustedes entienden. Ante tan generosa muestra de afecto desinteresado, me sentí abrumado y quise compartir la experiencia, porque no hay que ser egoístas en esta vida. ¿Y como?... fácil, llamando por teléfono a quien pude en ese momento y proféticamente olvidándome de las féminas de nuestro grupo, pues dude de su disponibilidad inmediata.

Fue avanzando la noche, evaporándose la cerveza y llegando poco a poco mis compañeros de juerga: “chato” Juampi, Dunkin y Arturo, así que la reunión se amenizo mucho mas y como era de esperarse pasamos un par de horas muy agradables, tanto que fuimos por mas provisiones doradas y continuamos la bacanal al mismo tiempo que fue cayendo la noche, así llegada la medianoche ya estábamos sazonados -ligeramente ebrios- algunos y otros zampados -ebrios totales- pero aun era temprano para siquiera pensar en dar por concluida la jornada, así que una idea fue maquinándose en la cabeza de Juancho y nos la propuso: “¡Vayamos al Downtown!, para huevear nomás” -solo para extranjeros y heterosexuales sin vida social: el Downtown es una discoteca gay, ¿acaso la mejor discoteca de ambiente de Lima?, puede ser-, la propuesta nos sentó como algo arriesgado, prohibido, definitivamente entretenido... ósea, como nosotros.
Antes de seguir tengo que aclarar por el honor de mis amigos aquí citados que todos ellos son heterosexuales consumados, muy leales con sus novias -jajaja- y a lo mucho algo conflictivos -¿no Dunkin?-, así que ir a bailar a una discoteca de ambiente era por mucho una gran aventura, de esas que no se olvidan y compruebas los efectos deshinbidores del alcohol -oda a la Cerveza Cuzqueña, te la debo- y sí. Luego de pensarlo por aproximadamente seis segundos aceptamos la propuestas con entusiasmo de colegiales.

El pánico reinó en mi casa porque todos habían llegado con la idea de conversar mientras tomábamos algo para soltar mas la lengua, y no de ir a bailar; como consecuencia, mi armario fue la victima de numerosos suplicios para que les preste alguna camisa y/o pantalón -excepto el chato Juampi, porque mi ropa le queda muy grande-, así mientras mis amigos ultrajaban mi armario y estaban en la prueba de vestuario yo me meti de cabeza a la ducha, ya que para mí el significado de la noche que se vendría era mas importante, así que me arregle, me puse guapo -mas todavía-, me coloque una camisa que normalmente no uso, me embadurne de perfume que solo uso para las grandes solemnidades, cambie mis trajinados zapatos de fin de semana por unas botas de vaquero que tanto me gustan pero tantas risas causo de parte de mis colegas sin escrupulos.

Y como estábamos ebrios en mayor o menor grado, decidimos tomar taxi –dos taxis en realidad-, y nadie quiso decirle al conductor que nos lleve a la discoteca mas atrevida de la ciudad -donde “vale todo”- así que nos reunimos todos en un punto neutral donde pensábamos estábamos relativamente cerca, pero lo suficientemente lejos para llegar de manera discreta, pero había un pequeño inconveniente... nadie sabia donde quedaba el mentadísimo Downtown, ni siquiera yo que era el mas interesado. Esta es la prueba definitiva de que mis amigos son realmente straight y por lo visto nada curiosos. ¿Qué creen que hicimos?, pues empezar a caminar por los alrededores pensando que la encontraríamos a la primera pero luego de mas de veinte minutos de marcha en vano, Dunkin se armo de valor y le pregunto a dos jóvenes y guapas transeúntes que se encontraban cerca de nosotros, mientras los demás huimos despavoridos pensando en nuestro orgullo mancillado. Luego de la indicación, llegamos y entramos al local de dos en dos como si fuéramos parejas: Dunkin con Sandro, Juancho con Arturo, Juampi y quien les escribe. Entramos a otro mundo desconocido hasta entonces y como dijo Carry Bradshaw en la inmortal Sex and the city: “Al fin respondimos a la eterna pregunta, ¿dónde estan los hombres ardientes?... en una ardiente discoteca gay”, en la misma abundaban hombres con el torso descubierto, personas demasiado sexualizadas, chicos mucho más altos que yo cogidos de la mano, en resumen, un espectáculo que no había visto en mis atrevidos -según yo- y desenfrenados años de vida social. Lo que más llamo mi atención fue la repleta pista de baile con gente bailando y exudando pasiones ajenas, claro todas las parejas eran unisexuales, como nosotros.

Recobrados de la impresión inicial, nos colocamos agrupados prudentemente cerca de la barra, pedimos las dos primeras jarras de cerveza, y de inmediato fuimos fulminados por miradas que te desvestían en el acto, la gente delira por las novedades y descaradamente empezaban a cercarnos sin el menor pudor, chequeando la mercadería... ¡se me hizo! –pensé. De inmediato la ebriedad nos guió, porque ya estábamos bailando los seis muy varoniles claro esta, pero muy llamativos no sé bien la razón, siempre quise ser un agitador sexual y ese sin duda fue mi cuarto de hora. Mas de un gay confeso empezó a “sacarnos a bailar” pero sin éxito, nosotros habíamos llegado juntos e iríamos juntos hasta el baño de ser necesario, y a pesar de nuestras negativas no conseguíamos que se apartaran de nuestro alrededor. demás esta decir que bailamos horas sin parar antes que nuestros pies nos pasaran factura y pidieran un descanso obligado luego del cual continuamos arrasando en la pista de baile.
Continuamos bebiendo y bailamos mas aun, que cuando finalmente decidimos salir estábamos tan cansados y hambrientos –de hambre comestible- que nos vimos obligados en hacer escala en “Las 4 estaciones” para reponer fuerzas y cotillear, me entere de cosas que parecía que habíamos estado en discotecas diferentes. Regresamos a mi casa, afirmando que nunca antes nos habíamos divertido tanto y jurando no contarle a nuestros demás amigos y/o enamoradas nuestra hazaña, pero en vano fue todo, ya que para el fin de semana todos sabían donde habíamos estado y es mas, todos querían incluirse en nuestra próxima escapada, alguna chica del grupo dijo incluso: “igual me han dicho que parezco lesbiana, así que si para la proxima no me llevas, terminamos... ustedes creen que son los unicos de mente abierta”. PLOP.

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