jueves, julio 13, 2006

ANTES DE QUE ME OLVIDES


Un chocolate Toblerone lleno de hongos fue el primer síntoma de la enfermedad. Mi madre siempre ha delirado por los chocolates por eso no había que pensarlo demasiado a la hora de traerle algo de alguno de los súbitos viajes que este trabajo permite. Le había comprado aquella golosina hacia ya diez meses, y una tarde, mientras buscaba algo que comer en la cocina, la encontré en una vieja cacerola. Cuando, dichoso ante tan grato descubrimiento, le hinque diente, un espantoso sabor, entre picante y amargo, me obligo a aplicarme varias dosis seguidas de Listerine. "¿Para que haz guardado este Toblerone tanto tiempo?", le pregunte a mi vieja, "ya se malogro". "Me olvide por completo", me dijo.Desde entonces, olvidarse por completo de las cosas empezó a volverse algo natural. empezó a olvidarse, por ejemplo, de cobrar su pensión de jubilada y, mientras sus cheques esperaban unos sobre otros ser recogidos, ella se quejaba que la plata no se acordaba para nada. Fastidiadas anfitrionas de almuerzos familiares, misas de salud, tes de tías, baby-showers y todas esas cosas en que ocupan su tiempo las señoras, telefoneaban a diario a preguntar él porque de su inexplicable inasistencia y la respuesta era siempre la misma: "Mil disculpas, que memoria la mía". Pero lo más problemático del asunto, no solo era que se le pasaban las fechas de tal o cual evento, sino que, en ocasiones, no solo confundía los días, sino también los lugares. Y así, llegaba a reuniones cuando estas ya tenían varios días de realizadas o llegando, vestida con sus mejores galas, a casas donde nadie tenia la intención de celebrar nada. Los olvidos, poco a poco, comenzaron a adquirir mayor gravedad. Una tarde, por ejemplo, compro queso Edam y cachitos en la panadería y se fue a tomar lonche con su hermana Livia, con quien solía compartir los recientes chismes mientras miraban de reojo alguna telenovela. Acaso no quería recordarlo, pero la buena tía Livia tenia ya casi dos años de fallecida. Y comprobando que dicho lonche seria imposible desencadeno en ella una profunda tristeza que intente amagar llevándola al cine a ver "Cuatro bodas y un funeral". La comedia la hizo reír de buena gana y consiguió algo que, no era complicado: hacerla olvidar la melancolía. En el auto que nos traía de vuelta a casa, mi padre le pregunto: "¿Y? ¿Que tal estuvo la película?". A lo que ella, mirándolo extrañada, respondió: "¿Cuál película?". Mi amigo, el neurólogo Jorge Trelles, luego de revisar los resultados de una cibernética prueba que se llama resonancia magnética, que consiste en meter a la mama de uno en una especie de cápsula espacial durante una hora, me ha explicado que lo que ella tiene es una especie de amnesia progresiva y que ira olvidándolo todo de adelante hacia atrás. Eso quiere decir que empezara a olvidar los hacho recientes, luego los que sucedieron hace diez años, después los que ocurrieron hace cuarenta años y así. Lo que el doctor Trelles no me ha terminado de decir -porque es mi amigo- es que esa amnesia se llama en realidad mal de Alzheimer, y que es una enfermedad degenerativa de las células cerebrales que afecta con mayor frecuencia a los pacientes de la tercera edad, aniquilando todos sus conocimientos y todos sus recuerdos como uno de esos virus malignos que se meten a las computadoras y borran íntegramente todos sus archivos.
Por ahora, lo que hacemos es empapelarle la casa con mensajes que le recuerden -por todos lados: en el espejo del baño, en el refrigerador, en el tendedero- las cosas que tiene que hacer y las horas a las que tiene que hacerlas cada día: Gero-forte a las doce y media, la telenovela "Los de arriba y los de abajo" a las nueve de la noche, teatro con Myriam mañana a las ocho, etcétera. Hace unas semanas, resignándome mal a que no fuera a regalarme nada, me pase repitiéndole cada día: "¿De quien es santo pasado mañana?, ¿de quien es santo mañana?. Pero fue inútil. Llegado el importante día de mi onomástico, ni siquiera me saludo y fue la primera sorprendida al ver llegar aquella horda de invasores tomando mi casa por asalto con sus temibles botellas de ron Bacardi.
Según he leído, llegara un día en que se olvidara en donde vive, como se llama o quien es mi papá (y le preguntara: "¿Que hace usted en mi cama?"), pero prefiero no atormentarme con esa idea. Prefiero imaginarnos, como en "Cien años de soledad", poniéndole letreros a las cosas recordándole como se llaman y para que sirven. así, podríamos rebautizarlo todo y, de repente, hasta darle a cada cosa una utilidad diferente. A mi padre, por ejemplo -en una broma-, podría colocarle por la espalda un papel que diga algo así como: "Perkins, Chofer", o a ese horrible aparador decimononico de la sala un cartel que diga simplemente: "Basura". Mientras tanto, he pensado en iniciar con mi mama una serie de entrevistas para así tener acceso a toda esa información secreta que ella atesora en su disco duro.Para ello estoy preparando todo tipo de interrogantes. Desde preguntas tan comprometedoras como: "¿Por que nunca me compraste un Monopolio? ¿Por que?", hasta otras más previsibles como "¿Cuantas veces te enamoraste y de quienes? ¿Cómo haces para creer en Dios con tanto entusiasmo y como para no dormirte en las misas? ¿A que jugabas con tus nueve hermanos en tu casa de La Victoria? ¿Cuál fue tu mas grande triunfo y cual, tu peor derrota?", etcétera. A diferencia de otras, esta no será una entrevista que tenga que preparar demasiado. Eso sí, tengo que hacerla cuanto antes. Antes de que te olvides. Antes de que me olvides.
Crónica de Beto Ortiz. Publicada originalmente en Etiqueta Negra No. 2, Lima - Perú.
He querido compartir esta cronica agena debido al emotivo contenido de la misma, espero que la revista Etiqueta Negra -que leo mucho- no me demande por derechos de autor y ese rollo, ya que le estoy dando todos los creditos a la misma y espero algun dia que me llamen para conformar su staff de redactores a nivel mundial, bueno... ¿soñar no cuesta nada?.

1 Comments:

Blogger Felipe Ros said...

:-o
Siempre me ha gustado el estilo de Beto Ortiz (aunque no sé por qué me resulta profundamente antipático). Sin duda es una de sus mejores crónicas y yo la tengo guardada entre mis lecturas seleccionadas, justo al lado derecho de mi pc (soy diestro, así que ahí están "a la mano" jajaja).

10:51 a.m.  

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