lunes, julio 17, 2006

LIMA: CIUDAD SOMNOLIENTA


Lima ciudad capital –mi ciudad- dejo hace muchos años la ciudad de los reyes y muchas generaciones más la otrora ciudad jardín. Y es que verdor en estos años no veo mucho, y ahora que comprendo académicamente la importancia de una ciudad saludable, veo con estupor ciertos espectáculos: sus habitantes se quedan dormidos en el sistema de transporte publico –léase: combis- mientras se dirigen a cualquier parte a la denominada “hora peruana”, aquella mala costumbre de ciudadanos poco precavidos e impuntuales que los obliga a llegar a cualquier destino tarde, muy tarde a veces, y me incluyo en la nomina descrita.

Pero motivos para este fenómeno yo expongo, vayamos por partes: Con su cielo color panza de burro –nota para foráneos: gris- resulta realmente arrullador tratar de salir de la cama cuando aun no entra luz por la ventana, y es que para los madrugadores durante el invierno no hay un estimulo visual o visible para despertarse temprano cuando nuestro cielo limeño aun esta desperezándose, las consecuencias son cabeceos noctámbulos hasta que nos impacten los primeros chorros de agua sobre la cabeza y una vez fuera de casa nos vemos ametrallados fonicamente por una estampida de bocinas, sirenas de radiopatrullas, emisoras radiales impostadas desde todas las vertientes, que nos vuelven a aletargar hasta dejarnos en un estado de semi inconsciencia hasta que hacemos uso del sistema de transporte donde literalmente somos zarandeados, arremolinados, expuestos a frenos bruscos de inexpertos chóferes que terminan por estampar nuestros cuerpos con los de nuestros vecinos, además de despertarnos una vez mas y ponernos en alerta sobre nuestra ruta o quizás del exceso de la misma -¡baja, baja!...¡que baja le digo!, ¿acaso no escucha?.

Pero bueno, de verdad que todo puede pasar en mi querida ciudad y de nada sirve que mi distrito -mi comunidad- sea una de las pocas con excedentes en la proporción de áreas verdes (árboles) por habitante, ya que no puedo vivir en mi burbuja de comodidades por más atractiva que la idea me parezca, porque me estaría negando a conocer los beneficios -que los hay- de vivir en una ciudad grande, aquella que para la primera vez que ose aventurarme en un barrio desconocido, termine asaltado por pirañas -ladrones juveniles y en algunos casos pre púberes-, con quienes de nada sirvió mi talla ni mi porte, para terminar siendo despojado de mi billetera y demás pertenencias llamativas, además de ser sometido físicamente -lluvia de moretones.

Pero no se deje influir por esta anécdota inoportuna al momento que desee conocer mi histórica ciudad, plagada de riqueza y pobreza extrema bajo el mismo cielo gris -el sol no sale para nadie-, ya que Lima es una ciudad disímil, difícil e inesperada pero efectivamente ahí radica su encanto, en la aventura del día a día. Al haber tenido la suerte de conocer otras capitales extranjeras tan cuadriculadas y aburridas que provocan una nostalgia cómplice hacia mi ciudad, snif. Tendrá un trafico caótico, un cielo triste, escasas áreas verdes, poca planificación urbana, entre otras perlas pero tiene como contraparte un centro histórico maravilloso, un mar que colma los sentidos, comida deliciosa y ante todo pequeños defectos y gente inolvidable, y claro, también me doy por aludido.

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