martes, julio 25, 2006

DE PARRANDA POR LIMA


Viernes. En una ciudad como la mía nada mejor que iniciar la travesía nocturna con la barriga llena y el corazón contento. Previa reservación nos espera el restaurante Rodrigo del chef Rodrigo Conroy, que si hubiera sido torero en su anterior vida habría cortado rabo y orejas en el hotel Le Bristol de París, en donde trabajó antes de poner su restaurante en Lima. Por estos días, sin duda, un lugar de moda. Quizá, gracias a esa extraña mezcla de sofisticación y divertimento que se refleja en el espíritu del lugar y en el diseño del local realizado por el arquitecto catalán Jordi Puig. La cocina de Rodrigo es una deliciosa mezcla de comida mediterránea con raíces muy peruanas. Su carta es casi un culto a la creatividad, y la iluminación del lugar, una invitación a la seducción. Para comenzar con el ritual, nada mejor que elegir un plato de camarones saltados en aceite de vainilla con ravioles bañados en crema de maíz, o algo más sensual como unos canelones hechos de granos de quinua y rellenos de foie-gras. Lo mejor de este lugar es que luego de cenar se puede pasar un buen rato en la barra del bar.

El reloj marca las doce y la noche todavía es virgen. Frente al restaurante Rodrigo hay un bar muy concurrido por diplomáticos, arquitectos de moda, reinas de la televisión, y rubias que podrían ser modelos de pasarela. Su nombre se reduce a una letra: O. El dueño es Xavier Nouel, un parisino que organizó muchas fiestas a orillas del Sena, antes de llegar a vivir al Perú. La decoración del lugar es una mezcla de Luis XVI con unas líneas muy modernas al estilo Philippe Starck. De “piqueo” (picoteo) nada como unos langostinos teriyaki o unas pizzelas prosciutto. Pero ya es más de la una y es hora de ir a bailar. El lugar elegido es una discoteca cuyo nombre es Aura: música electrónica y tribal house para sentir los latidos del corazón.
Sábado. “Si no quieres tomar taxis, si te da pereza moverte por la ciudad, si te gusta la música lounge, el Zuka Lounge es ideal para planear la noche”, nos recomiendan. El Zuka, cuyo nombre en hebreo significa morada, está compuesto por tres módulos de vidrio, como para remarcar que la gente viene a este lugar no solo para charlar sino a ver y dejarse ver. De la carta de tragos nos aconsejan “Perú Loco”, un trago a base de jarabe de granadina, crema de coco y jugo de piña con mucho pisco.

Son más de las doce de la noche y llegó la hora de elegir a qué lugar iremos a bailar. La deliberación en el Zuka ha inclinado la balanza por el bar Blue 302. El mejor argumento: está a dos pasos de distancia y tiene tres pisos. El tercero dedicado al lounge y el primero al merengue, la salsa y otros ritmos latinos nunca mejor bautizados bajo el término de “pachanga”.
Imposible no hablar del Café del Mar, o CdM, el bar del chef Rafael Osterling. Un lugar muy concurrido en donde se pasa muy bien escuchando bossa nova o chill out. Todo a media luz y con un lychee martini en las manos o un martini de chocolate, un maracuyá sour o un cosmopolitan de pisco. Todo acompañado de unas hamburguesitas de langostinos en salsa de palta, un montadito de pulpo basquez o un spring rolls de pato confitado.

Domingo de madrugada. Después de este recorrido, ha quedado claro que la diferencia entre morir de melancolía y bailar de felicidad es saber a dónde ir y con quién.

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