lunes, septiembre 18, 2006

"GOOD BYE, LENIN"

En el 2003 el alemán Wolfgang Becker presento una película acabadísima que ganó innumerables premios en los diversos festivales en la cual fue exhibida, y para mí, ha sido una de las mejores películas que he visto en mucho tiempo -sin exagerar, mucho, mucho tiempo- y que siempre me dejo un buen recuerdo; comprobando, una vez mas, que para hacer una gran película de calidad sin un mega presupuesto solo se necesita un buen guión, siempre existe un público que prefiere la calidad estética a la ametralladora visual y propagandística de lo que se cuece en Hollywood, aquí la muestra que desde la francesa “La vida soñada de los Ángeles” (que por cierto también prometo reseñar) me ha hecho mirar con mucho interés a los títulos europeos que se estrenan en la cartelera comercial de la ciudad.

Usando de pretexto la caída del muro de Berlín, nace esta comedia dramática agridulce, “Good Bye, Lenin” toma como punto de partida una anécdota ingeniosa y bien explotada, que le permite desenvolverse inestable y equilibradamente al mismo tiempo entre registros –drama y comedia- y tonos disímiles que aportan ambigüedad y riqueza a la trama y a sus personajes.
Su historia, narrada desde el punto de vista de Alex (Daniel Brühl), relata las sucesivas crisis en la salud de su madre al sentir esta que su familia estaba siendo desmembrada o amenazada de serlo por circunstancias externas –sociales y políticas- que ocurrían en su país. Así, si en un principio, si su depresión se debía a la huida de su esposo a la Alemania Federal por sentirse asfixiado por el sistema autoritario de la Alemania Democrática; es con la visión de su hijo Alex, atrapado por la policía durante una marcha previa a la caída del muro de Berlín en 1989, que sufre un infarte en medio de la calle que la deja en estado de coma. Su fragilidad ocasionada por la realidad alemana.

Durante meses, el estado comatoso en el que permanece, le evita –y la protege- ver la caída de un régimen en el cual ella confió, mientras las firmas comerciales occidentales –antiguamente las enemigas- toman su ciudad haciendo desaparecer su moneda, sus productos comestibles (reemplazados por los importados) o modificando los paisajes uniformes y grises con publicidad de Coca-Cola o Ikea.

La madre de Alex esta en coma con sus ideales de justicia (y su inflexibilidad), mientras el capitalismo destruye, deforma, modela para hacer de aquella realidad autarquica, una móvil y dinámica. Sin embargo, y en esto radica el principal interés de “Good Bye, Lenin”, el filme no hace apología de un sistema en desmedro de otro: las sensaciones de nostalgia del “bien perdido” y las aristas melancólicas que hay en la película no dudan en mostrar las victimas del capitalismo victorioso, sus desempleados –principalmente ya mayores-, o el alcoholismo del antiguo director del instituto Politécnico.

La película de Becker basa su eficacia dramática y sentimental en la relación entrañable entre Alex con su madre enferma, en engarzar la historia familiar de los Kerner con el relato histórico de la Alemania previa y posterior a la caída de su “socialismo realmente existente”. Las relaciones sentimentales (madre-hijo y reencuentro con el padre) vertebran la trama y oscilan entre el humor –las divertidas y absurdas ideas que pone en practica Alex a manera de maquillaje (la realización de videos oficiales, la búsqueda de los envases de comestibles)- y la mezcla de melancolía y de nostalgia ya que, finalmente, para Alex la muerte de su madre esta identificada con la muerte de su país y con unos ideales antes incontestables.

Una realidad reconstruida según lo exige el guión, una ciudad decorada para su madre, un futuro hipotecado para crear una burbuja en torno a quien vive de viejas utopías y buenos sentimientos de solidaridad. Becker logra continuas situaciones cómicas y otras llenas de ternura y emoción, sin que falten dosis de ironía y crítica tanto al mundo comunista que se fue como al capitalista que llegó. Cine construido con mesura y equilibrio, con respeto y sin burla, con interés por matizar a unos personajes y por no etiquetarlos por sus creencias políticas. Es mucho lo que se dice y mucho lo que ocultan unas miradas de madre e hijo que callan verdades, pero no para mentir sino para no hacer sufrir. Miradas nostálgicas reforzadas por una partitura de piano que acompaña el sentir de una familia metáfora de todo un pueblo que mira al futuro sin renegar del pasado.

Es también la historia de un pueblo que puede ser manipulado con un simple vídeo, y la de una familia que busca protegerse en el gran teatro del mundo donde la ficción engañe a la realidad. Una época pasada recogida con fotografías imágenes de archivo y otras digitales que dan verosimilitud a una cinta donde la mayor verdad es la que existe en el corazón de una madre y de un hijo que se quieren hasta dar la vida o trasformarla a la carta. Abundan las referencias cinéfilas, por ejemplo con Lara, la novia de Alex, que hace pensar en Zhivago (Doctor Zhivago de David Lean) y que pone la nota romántica a la trama.

Good Bye, Lenin tiene el acierto de evitar juicios históricos y políticos sobre el fin de un sistema político que, en abstracto, luchaba por la justicia social y prefiere rebotar sus sensaciones en una historia filial, que si no analiza las causas del fracaso de una utopía, si logra hacernos sentir ese “bien perdido” y esos ideales en la muerte final y simbólica de la madre.

¿Que más queda decir?, que es una gran película y por nada deben dejar de ver esta nuevo clásico de la cinematografía mundial en algún cineclub o en DVD.

Web para el recuerdo:
http://www.ocean-films.com/goodbyelenin/sommaire.htm

Trailer:http://www.youtube.com/

1 Comments:

Blogger Rain said...

Esa imagen d ela estatua del busto de Lenin, suspendida por los aires, es tremenda

el encuentro con el padre

la madre que se entera de la verdad y no se muere por eso...


Gracias por esta reseña.
Grans salute.

1:59 a.m.  

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