lunes, septiembre 11, 2006

UN DIA PARA NO OLVIDARSE


Hace exactamente cinco años yo trabajaba atendiendo la terraza en una morisquería en la zona de Dreta Eixample, distrito de Eixample en el municipio de Barcelona. Aun era de tarde y me faltaban un par de horas de “curro” para poder volver al piso en donde vivía, ubicado en Carrer Muntaner, 253 , dalt (Calle Muntaner, 253, arriba); zona de Sant Gervasi y distrito de Sarrià-Sant Gervasi (vaya que me acuerdo muy bien) a pocas calles de Gràcia y Eixample; un pequeño departamento de 5 ambientes que compartía con Aaron Goitizolo, un vasco de Navarra que entonces andaba de novio con Verónica, una catalana arisca e indomable que pasaba todos sus ratos libres en nuestra casa, lo cual era una ventaja porque la incluíamos en las labores de aseo del fin de semana a cambio de quedarse a compartir habitación con Aaron cada vez que esta venia con el morro largo de tanto lío con sus padres manipuladores.

Aquella tarde en particular recuerdo que Verónica pasaría a recogerme del trabajo para ir a comprar de todo para su cena romántica con Aarón, ya que ambos celebraban veintitantos meses de haberse conocido (ellos tenían la mala costumbre de celebrar aniversario de novios, aniversario de conocerse, aniversario de la primera vez que tuvieron sexo y así);y yo me había comprometido en meter mi mano en la cocina para ayudarle a cocinar, limpiar y lo que hiciera falta. En compensación debía “desaparecerme” de casa por un par de horas para que ellos tengan su cena romántica... y claro, el postre carnal.
Pensando que para mi regreso al menos tendría una buena cena caliente, había planeado ocupar esas horas libres en darme una vuelta hasta “Arc Montjuïc – Espai d´Árt a l´Aire Lliure” (Arte Montjuïc, Espacio de arte al aire libre) ubicado en la zona de Poble Sec, distrito de Sants-Montjuïc; una feria callejera de la que me habían hablado muy bien pero no había tenido la ocasión de visitar.

Pero antes de que se concretaran todos estos planes vi como un grupo de transeúntes se agrupaba frente a la vidriera de uno de los comercios de la calle, me pareció extraño mas no hice algo por darme por enterado de lo que estaba ocurriendo.
Era el día del atentado contra las Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York, y la gente miraba con estupor en todas las ciudades lo que estaba ocurriendo gracias a la televisión en directo. Un rato después yo también miraba aquellas imágenes que se repitieron una y otra vez a lo largo de esa tarde y durante toda la noche.
Acompañado junto a un grupo de personas desconocidas que exclamaban como podía haber ocurrido una tragedia de esa magnitud.

Esa tarde me dejaron volver a casa temprano, cuando llegue observé a Aarón y a Verónica observando la televisión cogidos de la mano, mientras él trataba de explicarle de manera conciliadora que seguro habían logrado evacuar la Torre Norte antes que esta se desplomara. Cuando me vieron, no sé que cara tendría que ambos corrieron a abrazarme y nos quedamos un buen rato conversando sobre la violencia radical, esa misma noche, Verónica llamo a su madre para disculparse con ella y luego regreso a su casa. Yo llame a mi padre a Lima algo conmocionado pero este estaba mas calmado de que por fin me dignara a llamar a casa e informar lo que había sido de mí, pues no llamaba con frecuencia y mi padre no sabia en que parte de la península yo andaba.

Cada vez que vemos las Torres Gemelas en pie –en alguna película o serie- recordamos que la tragedia del 11 de septiembre no fue un mal sueño, ni un filme apocalíptico de esos en que los gringos terminan salvando al mundo. El impacto visual del atentado lo hizo una escena casi cinematográfica: los aviones ensartándose como cuchillos en las torres de espejo, el fuego naranja, la estructura derrumbándose como un castillo de naipes. Pero esa escena no fue la única que nos hizo sentir que estábamos viviendo una película estadounidense. Casi inmediatamente, el presidente Bush se dirigía al mundo con un discurso que parecía extraído de algún guión de Hollywood. “ Esta es fundamentalmente una batalla del bien contra el mal”, aseveraba: “y el bien prevalecerá”. Y tal vez fue en ese momento que sentimos miedo. Temimos que se respondería, como siempre, a la violencia con mas violencia.

Desde hace décadas, el cine, la televisión y los videojuegos nos han acostumbrado a dividir el mundo en dos bandos: los Buenos y los Malos. Los Buenos tenemos licencia moral para descuartizar a los Malos en la Playstation, o para disfrutar viendo como los héroes del Bien vuelan en pedazos al enemigo. El resultado es una perdida de la perspectiva, y la imposibilidad de preguntarnos: ¿Cómo originamos tanta violencia y no vernos involucrados? ¿Qué podemos hacer para darle fin a este circulo vicioso?

Al final de ese de ese trágico día martes nos quedamos los tres en casa y cocinamos una cena sencilla y ya no tuve que ir a “Arc Montjuïc, espai d´art a l´aire lliure”, realmente fue un alivio porque luego me enteraría que esa feria solo apertura los domingos.
Un par de meses después yo me mudé a Bilbao en Euskadi y Verónica aprovechó para mudarse con Aarón, tiempo después ellos terminaron y para el año siguiente, antes de regresar a Lima quise llamar a Aarón para despedirme, pero él ya se había mudado, por lo que perdí todo el contacto con ellos.

El día de hoy tengo una fotografía de Jim Rudnick enmarcada en mi dormitorio, son las Torres Gemelas vistas desde las perspectiva del puente de Brooklyn, siempre me gusto esa toma y la mantengo colgada junto a mi ventana desde hace muchos años, para no olvidarme de ese día.
Aun así dudo mucho que me olvide, aunque en realidad ese día no debemos olvidarlo por nada del mundo.

3 Comments:

Blogger Dragón del 96 said...

Recuerdo yo salía de la u (de clases en la mañana) y me fui a webear por la univesitaria (avenida, sin nombres largos ni dificiles de pronunciar). Recuerdo haber visto la noticia con miedo, peor que el que alguna vez senti durantes las épocas del terrorismo.

Hasta ahora me dura el escalofrio.

Slaudos.

3:25 a.m.  
Blogger RAHM said...

yo tuve la suerte de conocer las torres y estar en la cima de una de ellas, pudo haber sido el dia que estuve ahi, me imagino que algun dia volvere a lo que es ahora la zona cero.

6:46 p.m.  
Blogger Gir said...

...el impacto fue global, en todos lados se veia la conmoción...un tema cargado de incredulidad e impotencia.... ese día sentí un temor silencioso y reverencial, ante la vulnerabilidad a tales ataques sorpresivos...

5:53 p.m.  

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