miércoles, noviembre 29, 2006

RECUERDOS DE JUVENTUD

Recuerdo que cuando era un chorrocotito –entre 7 u 8 años- era testigo de todo un ritual nocturno: mientras yo terminaba mis noches entre juguetes de niño, veía como mi hermano se ponía como figurín para salir de juerga de fin de semana, en ese entonces en Lima no existían los lounges, ni bares de diseño como ahora pero marcaban la pauta las añejas discos de entonces: Red & Blue, Mamut, Noctambul y The Edge; eso de preferir irse a un lugar abarrotado con los babosos de sus amigos y las escandalosas de sus amigas para bailar como idiota en un rincón de la pista de baile en lugar de quedarse en casa viendo maratón de Cartton Networks, cuando todo lo que me hacia falta para ser feliz era leche, galletas con mantequilla y que HBO me alegre mis noches con Kids in the hall o Transformers (sí, en HBO pasaban unos Transformers alucinantes que nunca comprendí pero igual veía por las noches).

Entonces cuando alguien llegaba a buscar a mi hermano para la juerga –él también como buen peruano, súper tardon- yo salía al living para ver ese espectáculo: me parecía que la muchachada era rara, las flacas que llegaban eran súper diforzadas, movían demasiado la cabeza y las manos cuando hablaban y tenían un dejillo medio raro (“¿Qué té pasa?”) y los patas andaban en poses de galancetes venidos a menos, todo eso me intrigaba y salía a aguarles la espera. Yo les preguntaba a donde iban a ir –casi siempre a una disco o una fiesta particular- y que harían ahí, ¿bailar pues?, y yo: ¿pero para que bailas? Siempre me largaban, pero como yo estaba en mi casa ni me movía y seguía con mis preguntas impertinentes hasta que mi hermano salía y era hora de irse pero siempre se volvían locos todos: a ellos les daba ganas de ir al baño en ese momento, o de tratar de robar trago del bar de mi viejo, ellas buscaban atolondradas un espejo para verificar el tarrajeo... que diga, el maquillaje y el peinado. ¡Que extravagantes me parecían entonces!

Siempre había alguien que me aseguraba que cuando tuviera esa edad yo también andaría en las mismas. Y yo negándome a morir, tocando madera pues aseguraba con total confianza que nunca tendría esas mañas ya que no me harían gracia. ¿Para que ver por las noches a mis amigos si ya les veo por las mañanas en el colegio? No le encontraba sentido. Y nunca me quedo del todo claro, ¿qué de atractivo podía tener ir a un lugar oscuro en donde la extraña música ni siquiera te permitía tener una charla apropiada? ¿Qué agradable puede ser tomar cerveza o cortos que tienen un sabor vomitivo? Pero cierta vez pude responderme esas preguntas.

No recuerdo que tontería habría hecho mi hermano que entonces mi viejo lo castigo sin salir todo el fin de semana, y eso, sacrilegio para quien quiere pasar el mayor tiempo posible fuera de casa. Pero, el muchacho rebelde hizo caso omiso a la sentencia del patrón y esa noche igual se largo, aprovechando la ausencia del jefe de casa. Yo no me dí ni por enterado, el quilombo se armó porque llegó a casa una venerable señora que le increpaba a mi madre que por obra y gracia de su “hijito”, su virginal hija –que resulto ser la flaca de turno de mi hermano- le había desobedecido la orden de quedarse en casa para irse de fiesta.

- ¡¿Pero mi hijo esta en casa?!- decía la ilusa de mi madre.

Pero por mas que lo busco, no le encontró y era evidente que se había escapado estando castigado, cuando mi madre le informa a mi viejo (para entonces yo estaba ganándome con todo el show) de la perla que había sucedido... mi viejo entro en trompo, en una euforia peor que quinceañera con los Menudo, mi viejo se puso verde cuando asimiló la noticia y se transformo en la Pequeña Maravilla... que diga... en la Mujer Maravilla... uy, no... me refiero al pata pata verde ese: El increíble (Papi) Hulk.

Aquella señora le dijo a sus improvisados suegros (o sea: a mis viejos) que los prófugos tortolos de seguro estarían en el cumpleaños numero de 18 de fulanito de tal, que vive en aquel exclusivo barrio, que el cumpleañero es súper “in”, que su fiesta es el evento social de la temporada, que estarían presentes las fotógrafos de sociales de Cosas y El Comercio, que es el hijo engreidísimo de aquel directivo de Petro Perú, que sus tías son Fina, María Cuchita..., en fin; que estaba mas informada que ninguno.
¿Y que sucedió? Pues fácil, mi viejo decidió sacar a su mocoso de las mechas de aquella fiestecita y por si no fuera suficiente vergüenza, acompañado de la señora aquella que pensaba hacer lo propio con su hija y de paso ponerle un calzón de castidad en publico porque mi hermano era todo un pillo y por si no fuera suficiente vergüenza (dejavu) yo ya estaba trepado en el auto porque no me quería perder de tamaña escenita que iba a protagonizar este adulto a quien yo llamaba Papi y de paso, con algo de suerte podría salir en una foto de la fiesta mas nice de toda Lima.

Llegamos a la casa de la recepción en calidad de infiltrados de honor que quedaba por la calle Pezet en San Isidro y apenas cuando mi viejo detuvo la marcha del auto se acerco un muchacho que era el encargado del valet parking para hacerse cargo del auto; ya en la puerta de la casa aquella nos informaron que el engendro de mi hermano y la párvula hija de la señora estaban en la lista de honor, celebrando y disfrutando ya con el agasajado, entonces Hulk tuvo que enseñar su DNI para acreditar que era padre de su hijo, la suegra se hizo pasar por mi madre aunque no le llegaba ni a los talones y yo me hice pasar por el retoño de ambos, jeje. ¡Que bonita familia!, de seguro comento el encargado de la puerta.

Cuando ingresamos y luego de la sorpresa inicial –pues mi casa entera con jardín y perro incluído entraba sin problemas en el inmenso jardín donde se llevaba a cabo la recepción-, nos atrincheramos prudentemente en un lado de donde empezamos a buscar visualmente a la parejita hasta que finalmente les encontramos, bailando muy ricos ellos. Luego la señora deslizó un comentario curioso que se me quedó grabado en la cabeza hasta ahora:

“Miren que lindo bailan, pero... ¿por qué todos los jóvenes se amontonan para bailar apretándose en ese rinconcito? Con lo grande que es este jardín. Me da ganas de agarrar una escoba y desparramarlos por todo el lugar, se vería mucho mejor."

Mi viejo esperó que termine la canción para acercarse, mala idea pues era orquesta y el relevo lo hicieron muchos minutos después, luego se acerco tranquilo entre la muchedumbre de mozuelos y bellas chicas hasta que dio con ellos, y los tres se quedaron conversando por un buen rato de manera muy civilizada.
Poco menos de una hora después estábamos de regreso en el auto y no solo nos llevábamos a los tortolos, otro polizonte sin permiso pidió que le jalaran antes que sus padres vengan por él como había sucedido con sus colegas.

Cuando llegamos a casa mis padres volvieron a castigar a mi hermano por una semana mas, y él para evitar discutir le increpo a mi viejo algo así:

¿Acaso tu nunca hiciste algo así cuando tenias mi edad?, ¿Acaso crees que esta mierdita (o sea yo) no va hacer lo mismo cuando tenga mi edad?
Interesante el comentario, y si bien es cierto que es difícil entender a la juventud, porque aun no has llegado a ella o porque te olvidaste lo que tu mismo hacías entonces, lo que queda claro ante todo es reconocer que es un proceso generacional. Y si bien, mi viejo se puso mas tolerante conmigo cuando yo empecé a hacer mis desastres juveniles, hasta el día hoy mi hermano no me ha comentado nada sobre lo que dijo aquella noche, palabras que resultaron muy sabias entonces y que me ayudaron a comprender un poco mas a esa generación que consideraba extravagante pero que nunca lo fueron, solo eran jóvenes inmaduros, como tú o yo.

4 Comments:

Blogger Dragón del 96 said...

No seas malo, yo no recuerdo haber bailado en un rincón hasta hace un mes, lo q hacíamos en mi época era juntarnos en una larga fila de parejas como soldaditos.

Y el "que te pasa?" lo detestaba desde la primera vez q lo escuché. Incluso hasta ahora, pero q tienen estas chicas en la cabeza?

Estos no son recuerdos de tu juventud, verdad? Sería de niñez!!!

Slaudos.

3:43 p.m.  
Blogger tizia said...

Mi hermana siempre dice que he tenido suerte de ser la menor, porque a ella le ha tocado abrir el sendero para que yo transite con tranquilidad.
Con ella mis padres no tuvieron la paciencia que han tenido siempre conmigo. Claro que yo me he portado mejor.

8:37 p.m.  
Blogger Peregrino said...

Tremenda experiencia, no tengo hermano mayor, así que nunca fui testigo de algo parecido; felizmente fui lo suficientemente responsable para que mis padres me dejaran suelto en plaza desde chico y lo suficientemente irresponsable para divertirme mucho con esa libertad.

Nos leemos.

11:03 p.m.  
Blogger Malva said...

Te debo comentarios y empiezo desde aqui...

Hace unos dias hablaba con la Salazar sobre "nuestra juventud"... y solo nos reimos de las pelotudeces que hemos hecho y por las que faltan.

Salud.

10:55 a.m.  

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